Para mi amigo y hermano extremeño, mi fiel compañero en cada instante de esta vida,
J.M.G.G.
Yo no sé si vale la pena mirar atrás para ver que los días que compusieron mi anterior vida nunca lograrán ser tan hermosos como esta época maravillosa que me ha tocado vivir, y ver.
Cada día me levanto entusiasmado y con ganas de comerme el mundo. Cuando me subo a mi Kia lo primero que hago es ponerme música. A veces maldigo a estos torpes sevillanos que aún siguen dormidos cuando conducen de camino al trabajo. Pero no me importa llegar tarde a clase. Nunca me ha importado. Porque así puedo elegir con quien sentarme. Incluso puedo decidir no entrar y esperar en la cafetería leyendo el periódico mientras devoro una tostada completa (Jamón, aceite y tomate restregado).
Tengo cara de enamorado. Eso me ha dicho Elena esta mañana. He hecho caso omiso a sus palabras pero es cierto que tengo el corazón en un puño desde hace unos meses. Y creo que estoy completamente enamorado de Noelia.
No sé si alguna vez has mirado a alguien y te has estremecido. Si has pasado junto a esa persona y has cerrado los ojos en un gesto de desesperación ante lo imposible pero necesario. Ese sentir como todos tus sueños se desvanecían en ese preciso instante en que aparecía el otro afortunado. Y el cuerpo temblar y perder el control de tus movimientos, de tus palabras, y el sentido de la vida. “Es el amor, que pasa…”, dijo Bécquer. “Hoy creo en Dios”, añadió en otra ocasión.
Me reí de los tiempos en que la noche era la parte fundamental del día. Las copas, las camisas ceñidas y el perfume de Jean Paul Gaultier. Qué derroche de horas para acabar entendiendo que los amaneceres y las miradas son el nacimiento de los sueños convertidos en vida, y que cuando anochece todo se desvanece.
Y es por esa razón por la que cuando mis ojos se encontraron con su mirada por primera vez, supe que la vida debía ganarle la batalla a los sueños. Porque si creía en mis posibilidades, tenía que concluir que contemplarla era algo maravilloso, pero conseguir un beso suyo sería la perfección más plena que podía alcanzar.
Siguieron las miradas y las palabras. Su caminar tan elegante y su pose de niña apasionada y dulce me cautivaron día tras día. Me estaba enamorando del sueño de mi vida, y eso, hermano, era lo más grande que podía pasarme.
Sé que no tengo nada, pero sus dos luceros me regalan todo lo que necesito. Cuando me mira desaparezco de la vida real y me transformo en un sueño que persigue cruzar al otro lado del río, allá donde se encuentran los tiempos de gloria. Persigo reencontrarme y enamorarla, y para eso mis ojos hablan de verdades como puños.
Yo camino alegre al verla sonreír. Y latir con su mirar, mi corazón se encoje entumecido. Con cada silbido los ruiseñores cuentan los segundos de añoranza, y los clamores son tambores que vaticinan la llegada de la tempestad que descorra la cortina del desconcierto. Yo camino con acierto, porque luchar y vivir es soñar despierto, y quien duerme con los ojos abiertos, siempre está despertando y ve nacer sus sueños.
“Al fin y al cabo, no tengo nada que perder, y mucho que ganar”…
Francisco José Campos Jareño
Zaragoza, 01/12/2011





Jose González dijo:
diciembre 8, 2011 a 11:24 pm
Admiro la forma con la que siempre has sabido plasmar cada sentimiento, se puede palpar incluso. Nada más lejos de la realidad, lo has bordado hermano.
Simplemente…Gracias.
Al fin y al cabo, no tengo nada que perder, y mucho que ganar…
JMGG