LO QUE HAY ENTRE NOSOTROS SE LLAMA TIEMPO

“La esencia de las personas es lo que las hace diferentes unas de otras. Cuando volvemos la vista atrás, sonreímos al ver que nada ha cambiado, que tanto tu vida como el mundo siguen evolucionando del mismo modo, es decir, siguen en el mismo sitio donde les dejaste. La esencia de las personas tras el paso de los años es esa, mantener la misma base, que comprende la misma sonrisa, la misma mirada y el mismo corazón para luchar por ser feliz”

Francis Campos Jareño, 2016

Berlín Francis retocada

Francis Campos, Berlín, 2014

Ahora estás leyendo estas líneas y puedo verte. No eres la única persona. Posiblemente haya más gente como tú en estos momentos, o quizás no, quizás sólo tú estés inmersa en la lectura de esta ola que viene y va. No importa, relájate y disfruta de estas palabras que no se lleva el viento, que aún permanecerán en pie.

Han cambiado muchas cosas desde entonces y hay una que es exactamente igual que antes. El amor perdura en el tiempo, y eso es algo en lo que mucha gente está de acuerdo. Gandhi dijo: “un minuto que pasa es irrecuperable. Conociendo esto, ¿Cómo podemos malgastar tantas horas?”. Sencillamente, esta es nuestra oportunidad para desplegar nuestros sueños y plasmarlos en vivencias.

La vida se revoluciona cuando tienes dieciocho años. Se produce una explosión de libertad y se suceden luces de fuegos artificiales. Tienes ante ti mil oportunidades diferentes, y todas parecen fáciles y sencillas. Tanto, que podemos elegir el camino que más nos convenga en ese momento. Lo cierto es que la existencia del ser humano está llena de momentos bien diferentes y lo importante es que la elección de un trayecto sea la mejor en el tiempo en que ha de discurrir.

Recuerdo lágrimas, canciones y sonrisas, y también recuerdo cuando escribí la primera silva mientras mi corazón me decía que estaba ante aquello tan inmenso, aquello que jamás podría tener en otro instante que no fuera aquel. En ese caso, debía escribir y dejar constancia de ello, plasmarlo para siempre, sentirlo, acariciarlo y soñar, soñar que era de verdad, cuando en realidad no lo era.

Incluso pensé que jamás podría encontrar algo ni siquiera un poco parecido. Creía que aquella chica era algo único, pero realmente, perteneció sólo a aquel momento exacto.

La melancolía reinó por doquier, dejando paso a la poesía, en concreto a una colección de silvas que se asemejaban al movimiento de las olas del mar y que finalmente no tuvieron destinataria. Aquel triste final constituyó la salida por la puerta grande de la Torre de Marfil.

Pero con el tiempo, la tempestad amaina y resulta que la vida ya no es melancolía. La vida es o felicidad o nada, no existen otras opciones. No debemos despertarnos y pensar en qué están pensando los demás, pero sí puede pasar que al llegar la mañana del día siguiente una vez en pie podamos decidir qué queremos ser y dónde queremos estar.

Y cuando amanece no hemos de dirigirnos a cualquier persona y preguntarle por qué ha actuado de una determinada manera, por qué ha tomado una decisión cuando podría haber tomado otra bien distinta. No se puede culpar a los demás de nuestro fracaso ni hacer de las verdades algo objetivo. Existe nuestra verdad, la propia nuestra, que no tiene por qué coincidir con la de los demás. Nuestra vida nos pertenece a nosotros mismos, a nadie más. La felicidad reside en nuestro interior, en lo que hemos decidido ser. Y pagamos si lo hacemos mal, somos infelices siempre que no hacemos las cosas bien. Jamás nos olvidemos de eso.

Prefiero las palabras, sí, me gusta hablar, me gusta conocer, me gusta indagar y sobre todo soñar. Y me fascina escribir, eso más aún, escribir sobre ti y que te preguntes una y otra vez si te estoy describiendo a ti y a tus maneras. Esto es un acertijo. Quien tiene la pluma es quien decide.

También me gusta encender una vela y sentarme a pensar. Es un placer inigualable. Y qué me dices de soñar, ni la vida misma le hace sombra al sueño. No da tanto juego, pero tampoco cabe duda de que los sueños, sueños son.

¿Y qué son los sueños? En mis sueños eres una Princesa. ¿En la vida? En la vida probablemente te suspendería todos los exámenes a los que te presentaras. Eres buena persona, creo que en eso estamos de acuerdo, pero ¿qué me dices de lo demás? Me gusta observarte, me gusta que te acerques a un tipo que te gusta físicamente y te lo ganes. Para el chico es una técnica conocida como el mate del tonto. Se tardan unos cinco segundos como promedio en la conquista. Cosas mejores se ven en las tragedias de Shakespeare. Y a ti te gusta que el chaval hable poco, mejor calladito, con poco trasfondo, que hablar cuesta dinero y a menos palabras, menos problemas. Me encanta la facilidad con la que te conformas. Así vas de año en año. Un año arrasando y el siguiente para dejarlo e ir labrando otros caminos. Buena estrategia, vas ganando puntos.

Y a ellos los he visto mil veces llorar. ¿Son hombres? Sí, lo son ¿Por qué no? Él llora en casa. Ella se auto convence de que él tiene la culpa de todo. Claro, el chaval es un cabrón que le ha puesto los tochos. Bueno, a lo mejor él es el padre de Bambi y aún no lo sabe. Supongo que las cosas son así.

Y él llora ante sus amigos. Y siempre hay uno que lo sabe todo, y ese uno ni siquiera ha salido al ruedo a pegar un par de ostias. ¿Para qué? Si lo suyo es dar consejos imaginados, porque ya no recuerda ni la primera vez en que una chica lo besó y se estremeció asustado.

La vida es demasiado compleja a veces. Todo pasa, no existe nada eterno. Y el amor es una ficción que creamos en nuestra mente. No me gustaría que te engañaras, aunque es cierto que probablemente no querría que fuera así. A lo mejor hasta lucharía un poco por cambiarlo. Pero la vida no es cosa de poetas. A nosotros no nos interesa entrar en un lugar donde reina el Carpe Diem, porque lo pleno, lo victorioso, lo eterno está en los versos que describen sueños. Y la vida es un secreto para nosotros. Eso sólo una persona podría saberlo. Y esa persona es siempre una incógnita. Ella es perfecta porque me ha encontrado a mí. Ella es perfecta porque es a mi manera y yo soy a la suya. Es ideal porque es todo lo que he escrito durante años y lo que he soñado cada noche junto al mar.

¿Existe? Sí, seguramente. Está cerca, y no hay prisas. La estoy forjando en estas palabras. La sigo creando en cada verso prosaico. No pienses más de lo que debes, no cruces estas líneas que yo sólo conozco. Ella existe y se llama vida. Yo existo y me denomino sueño. Lo que existe entre nosotros se llama tiempo, y el tiempo es el mejor aliado de esta tinta que habla de las que no se corresponden con la vida… de las que ya se han muerto…

Francisco José Campos Jareño

Brenes, Sevilla – 9 de diciembre de 2008

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