LA VIDA SIN PALABRAS

“La vida sin palabras se resume en respirar…”

20161009_082730

Ser consciente de lo que se siente. Y de lo que no se siente.

Eso me repito en cada baremo que tomo sobre mi vida con cada paso que doy cuando avanzo. No siempre escribo, ni he vuelto a publicar libros, como antes. Quizás porque los escritores podemos escribir en cualquier soporte. También cuando besamos. Y también con nuestra mirada.

He visto muchas cosas en mi vida. Muchas más que muchos y muchas menos que otros tantos. He visto palabras que mentían y hechos que no eran verdad. Razones que fueron el motivo de morder el polvo de la sinrazón. Y ojos que leían sin leer lo que querían atraer para sí mismos. He visto a mi alma atravesada y acariciada al mismo tiempo. He vivido y he podido escribirlo desde que tengo catorce años.

Ahora camino impasible muchas veces con ese mundo interior que nunca comunico, ni expreso. Quizás porque el hecho de escribir ha significado para mí ese momento auténtico conmigo mismo, en el que le gritaba al mundo lo que nadie puede oír. Mi inmenso sentimiento.

La vida corre. A veces demasiado deprisa como para detener ese paso en el que lo correcto no es siempre lo mejor. Ni lo mejor conlleva el mejor de los pasos. Nunca me he avergonzado por hacerlo porque quizás nunca he escrito una mentira, y porque la interpretación de mis letras es un enfoque propio que me abraza y me pertenece sólo a mí.

Eso es quizás lo que más me gusta de mis palabras y de mi corazón. Que estos jamás se defraudarán entre ellos. También que nunca buscaron la aprobación, ni la explicación, ni la causa o motivo por los cuales camparon a sus anchas por mi humilde vida. En eso consiste la libertad de querer o no querer. La libertad de escribirlo o no escribirlo con palabras. Y la libertad de guardarlas para siempre después de sentirlas al abrazarlas con fuerza.

Me basta muchas veces sentir ese sentimiento de cerrar los ojos después de verme frente al espejo. Es la sencilla manera que tengo de frenarme en seco para observar que sigo siendo lo que escribí hace más de quince años. Porque eso significa que ahora soy lo que seré dentro de otros quince. Es la talla auténtica de las personas que confían en la suerte de expresar lo que sienten.

Y es la batalla contra el ego de los que no entienden esta profesión que no se compra con dinero. Quizás porque escribir no se puede entrenar, ni ensayar, como el sentimiento no puede pensarse, o el amor inventarse. Esta es la pluma que no se entrega, la que tacha con esmero la burla de la constancia mecánica de la sonrisa falsa. La que navega airosa con la ilusión de no perder el esplendor de una vida que consiguió la felicidad sin perder la esencia de su ser.

Lo que más me gusta de la poesía es que hay verdaderamente muy pocas personas capaces de entenderla. Es la razón fundamental de que confíe en ella, porque me asegura que los abrazos en su interior serán fieles al sentimiento de lo que transcriba. No puedo dudar de la escritura, como tampoco dudo del tiempo, o de lo que siento. Esto es lo que me alejó del mundo. Y lo que me otorgó esta especial forma de sentir. Es lo que me hizo ser ese alguien normal que ofrece una luz distinta. El poeta camuflado que sonríe cuando todos callan, y murmura cuando todos respiran. Por eso para mí, la vida sin palabras es la demostración de ser como los demás, ser lo que no somos, y por ende, significaría que los poetas no sabemos amar.

Francis Campos Jareño

Brenes, Sevilla, 25 de noviembre de 2016

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s