LA LIBERTAD DE ELEGIR SER FELIZ

“El único camino para hacer un gran trabajo, es amar lo que haces”.

Steve Jobs

IMG-1701

Nos movemos por ese áurea que rodea a las mentes que esperan aplausos desde el amanecer. A veces pienso si merece la pena dejar de sonreír cuando realmente lo tenemos todo. Si de verdad debemos pagar ese precio en algún momento de nuestras vidas cuando no hay motivos. No podemos compensar de cualquier manera a las personas que deciden vivir de algún modo distinto a nosotros para después anhelar otras maneras de vida. Somos el viento que elegimos. La razón que hemos decidido ser con nuestra manera de dejarnos llevar.

No puedes pedirle a un chico de dieciocho años que elija su camino sin equivocarse. Si ostenta la madurez necesaria, al menos tendrá la suerte de intentar aspirar a un trabajo que le haga ganar dinero, acceder a muchos viajes y muchos lujos, y si se puede, con poco esfuerzo. Yo estudié Derecho y ADE por dinero. Y es que en el año 2004 cualquier persona preparada podía acceder a un buen puesto de trabajo. Pero cuando terminé en el año 2010 las cosas eran bien diferentes y como a todos, me tocó sudar la gota gorda.

Me he cruzado a lo largo de mi vida con muchas personas que me han hablado de la gran suerte que tengo. Y es cierto, me siento muy afortunado. Pero también es cierto que la mayor parte de la suerte se compone de decisiones y dedicación que nosotros mismos queremos o no queremos experimentar. Y a mis treinta y un años, cuando miro hacia atrás, puedo recordar que antes de todo esto pisé el campo bastantes campañas desde los dieciséis años, que también puse muchas copas y pasé bien pasada la bandeja por múltiples eventos en hoteles. Nadie te regala dos carreras y una tercera, ni el inglés, ni el erasmus en Monterrey (México). Y al final, con veinticuatro años te ves sentado delante de tres personas a las que no conoces, y que cuestionan tu capacidad para entrar a trabajar en el equipo comercial de una de las multinacionales más grandes del país.

Y al principio todo es genial. Eres muy joven y lo tienes todo. Viajas en primera clase en AVE y avión, cenas en restaurantes, duermes en hoteles y viajas a lo largo y ancho del país. Qué bonito. Y entonces un día te das cuenta de que el tiempo pasa y de que llegas a casa a las ocho o a las nueve de la tarde y de que realmente es a esa hora a la que comienzan tus días y tus sueños de verdad.

Te das cuenta de que tu sueño de ser un ejecutivo con éxito es el sueño que la sociedad nos ha inculcado, porque lo que realmente te hace feliz es la paella que te comes con tu familia y el abrazo que te regala tu pareja y tus seres más queridos en los momentos de mayor debilidad. Empiezas a cuestionar el modo en el que vives, y un día, cuando has explotado del estrés y ya con la vía puesta en el hospital, piensas si realmente merece la pena sufrir por hacerle ver a gente a la que no le importas, que eres un tío profesionalmente muy válido.

Al atarme los cordones de las zapatillas a las siete de la mañana acabo pensando que me importa un carajo lo que piensen de mí. Ellos y todos ellos. Beso a mi novia antes de salir y empiezo a correr mientras amanece. Veo mi vida en los próximos cinco años. Diseño cada paso para llegar a donde quiero, a donde me hace feliz. Y que conste que jamás he creído en la buena suerte. Y si no, que se lo digan a mi hermano, que con veintisiete años lleva veinte tocando el piano, y camina con su carrera de catorce, dos masters y cuatro idiomas de regalo a sus espaldas.

Yo le veo a él y le admiro porque su trabajo es su vida, y su vida es su trabajo. Entonces a las tantas de la mañana sigo todavía con los libros, después de haber trabajado y entrenado, estudiando la carrera de Nutrición, sin saber si quiera a dónde me llevará esta senda que a veces se hace demasiado cuesta arriba. Pienso en que esta es mi apuesta, mi inversión, y caigo en el hecho de que en esta vida nadie te regala nada, y que si quieres aspirar a ser feliz, tienes que currártelo desde la primera hasta la última hora del día.

Cuando entreno también soy muy feliz. Ya no me importa tanto el reto sino la sensación de sentirme vivo día tras día. A veces me han dicho que vivo obsesionado con el deporte. Creo que a ese tipo de personas les encantaría poder sentir lo que sentimos los deportistas que amamos lo que hacemos día tras día. Simplemente tienen que querer hacerlo como lo hace mi abuelo, con ochenta y siete años sobre su bicicleta estática, o mi novia en sus palizas de maratones de BTT cuando todos se retiran y aparece ella al fondo de la meta con una sonrisa que eclipsa el sufrimiento de un día tan duro. La más increíble de las gestas consiste en soñar y después perseguir tus sueños. No dejarte vencer por el miedo o por las opiniones de las personas que te dirán una y otra vez que no puedes lograrlo.

Hagas lo que hagas en la vida, hazlo porque te hace feliz. Y no mantengas sobre ti nada que te amargue o te desvíe de tu camino. La vida es demasiado corta como para vivir sufriendo, como para conformarse con lo que tienes si no te llena. Por eso avanza, da el primer paso, y sobre todo extrapola cómo serían tus pasos dentro de cinco años. Ese será tu punto de referencia sobre el que tendrás que trabajar. Abraza a las situaciones que no deberíamos cambiar por nada del mundo, como la manera en la que ella me sonríe cuando miro hacia atrás mientras me marcho. Esa es mi vida y mi mayor logro. Es mi inspiración para seguir caminando arropado por la felicidad.

IMG-1702

Francis Campos Jareño

Brenes, 16 de julio de 2017

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s