ENTREVISTAS

ENTREVISTA DE HÉCTOR VÁZQUEZ

Licenciado en Comunicación por la Universidad de Deusto

“Nadie quiere dedicar quince minutos a extraer el contenido de un poema”

Francis y Héctor – viaje a San Miguel de Allende (México)

Francisco José Campos (Brenes, 1986) es un joven escritor sevillano que tras la divulgación de varios relatos y poemas en diversas publicaciones, en 2009 sacó a la venta su primer libro “Por ser pintura de mis sueños”. En un mercado en el que las obras novelísticas rápidas y de tramas trepidantes son su producto estrella, Campos apuesta por una poesía en la que los sueños, las utopías y el amor se mezclan con el día a día.

Resulta extraño hoy en día una persona tan joven como usted publicando poesía…

Sí que lo es. Pero creo que poeta se nace. A mí me gustó comenzar a escribir porque sentía muchas cosas. No decidí empezar a escribir, me salía solo. Lo necesitaba. Esa necesidad se fue haciendo cada vez mayor, y así es como empecé a crear tantos poemas hasta generar una obra que es la que plasmé en mi libro.

¿Cómo fueron sus inicios?

Comencé escribiendo canciones para un grupo de música del que formaba parte. De esa manera me fui animando y me empezó a gustar la escritura. De las canciones pasé a escribir poemas cuando tenía 14 o 15 años. Ya en la facultad, con 18, algunas clases de derecho alguna vez eran bastante cansadas. Entonces, cuando me aburría, escribía dos o tres poemas en mitad de clase. Y así, con los amores de la universidad y los deslices varios, empecé a tomar aquello como una costumbre.

Cierto, usted es licenciado en Administración de Empresas y Derecho. Difícil mezcla entre el mundo espiritual y el legal…

Pues sí. Filología hispánica es mi carrera frustrada. Aunque Eduardo Mendoza, que ganó el Premio Planeta el pasado año, también es licenciado en Derecho. En esta carrera también tienes que escribir mucho. No tiene nada que ver. Pero escribir es algo que nace, y se puede hacer sin ser un filólogo. Por eso no hay problema. Mi trabajo versa sobre temas económicos pero, a parte, tengo mi afición a la literatura.

¿Cómo ve el actual panorama cultural español?

Lo veo complicado. He hablado con pintores y músicos como mi hermano que toca música clásica, y es muy triste. Va a las audiciones y solo se encuentra con personas mayores. En mi caso, yo he vendido casi 100 libros de poesía y eso es casi una proeza. Porque la poesía ya no le interesa a nadie hoy en día. Nadie quiere quedarse quince minutos en un poema parado intentando extraer su contenido. O simplemente preguntarlo. Porque yo siempre me brindo a explicar lo que escribo. La vida hoy va por otro camino y muy poca gente lee. Y los que leen quieren hacerlo con literatura más comercial o más fácil de entender.

¿Qué le resulta más difícil, escribir poemas o relatos?

Eso va por momentos. Antes escribía más poemas. Ahora más prosa. La temática de mi poesía ha hecho que hoy en día no necesite tanto hacer poemas.

Una temática inspirada en la búsqueda del amor…

Sí, siempre he escrito básicamente sobre lo mismo, el amor. Aunque de distintas maneras y en una evolución constante. Mis poemas versan sobre la fusión del sueño y la vida. Siempre persiguiendo mi propio sueño: encontrar el amor que yo creía que necesitaba.

Es usted muy joven, ¿ha tenido tiempo de vivir con fuerza este sentimiento?

He tenido muchos momentos en mi vida, aunque soy muy joven y me queda mucho por vivir. Pero he pasado por la alegría y la tristeza muchas veces.

¿Y el desamor?

El desamor es lo que más me inspiraba. ¿Por qué? ¿Por qué no sale bien? ¿Por qué él sí y yo no? ¿Por qué ella no siente nada por mí y yo mucho por ella? ¿Lo que siento yo es un simple sueño? El poeta tiene una vida interior que intenta retratar en los versos. Pero son momentos fugaces. Igual hoy te quiero mucho y dentro de cinco minutos estoy pensando en otra cosa. Pero si en ese momento siento algo, lo escribo y lo plasmo. Y así borro el volver a sentir lo mismo. Es algo fugaz. No como la novela que hay que trabajarla con el tiempo.

Los sueños y la utopía también están presentes durante toda la obra, ¿cree que hemos dejado de dedicarle tiempo a soñar?

Sin duda. La gente hoy día corre. No se sabe hacia dónde pero corre deprisa. Y se le olvidan sus objetivos. No sueñan ha donde quieren llegar y dónde quieren estar pasado un tiempo. Sobre todo la gente joven con Internet. Tiene otra cultura y otras maneras de ver las cosas. Las personas que no sueñan y no tienen objetivos se acaban perdiendo o les resulta más difícil vivir.

¿Cuál es su utopía?

La felicidad plena. El tener una vida que me satisfaga, sentirme autorrealizado y tener gente a mi lado que me apoye y yo apoyarles a ellos.

¿Es algo imposible?

Se puede maximizar bastante esa meta. Si se trabaja y se crean las circunstancias propicias yo creo que sí se puede lograr. No al cien por cien, pero casi.

Los sueños de sus poemas se presentan siempre con escenas cotidianas, ¿es en estas donde surge su inspiración?

SÍ. Surge tanto con cosas cotidianas que pasan en mi vida como en la de conocidos. O simplemente con algo que veo, o algún amigo que me cuenta una historia en el autobús. Una película o un libro que leo. Cualquier cosa. Yo de ahí extraigo una motivación, una necesidad de escribir y de plasmar lo que siento. De forma real o irreal. Yo escribo las cosas como me gustaría que fueran. Más allá de cómo hayan sido en realidad. Son mis sueños.

Ha hablado antes de México…

Pasé cinco meses allí estudiando dentro de un programa internacional de intercambio que impulsaba mi universidad.

¿Le inspiró especialmente el país maya?

Sí que lo hizo, aunque no escribí lo máximo que me hubiera gustado. Conservo varios poemas de México. Los últimos que puedo considerar que están bien. En tema de novela sí que me inspiró bastante. Tengo dos en marcha. La primera la tengo muy avanzada porque está compuesta por cosas que escribí hace ya bastante. La segunda habla sobre México. No quiero hacer algo real de lo que viví allí, pero sí inspirarme en los sitios en los que estuve y tomarlos como escenario en una parte de la novela.

¿Soñamos de forma diferente los españoles y los mexicanos?

Creo que tenemos sueños parecidos. Pero es algo que depende mucho de cada persona. Los poetas soñamos de una manera, y un ingeniero quizá tiene otra forma de ser feliz y sueña de otra. O quizá no. Igual es la misma. Pero creo que depende más que de países, de las personas.

Y el amor, ¿cómo lo sentimos ambos?

Depende también de la persona. En México las cosas creo que funcionan de otra manera, al ser una sociedad muy desigual y haber gente muy rica y gente muy pobre. Para una persona de una escala inferior de la sociedad mexicana, el amor puede ser encontrar a otra que pueda sacarla de la pobreza. Ahí se tergiversa mucho la idea del amor. Porque lo que una persona busca es encontrar una calidad de vida, y sacrifica por ello los sentimientos.

¿Y en España?

Aquí, como tenemos una clase media bastante amplia y casi todo el mundo tiene posibilidades de acceder a cualquier servicio, la idea del amor es totalmente distinta. Pero depende de cada uno estar con otra persona porque así lo siente o por cualquier otro motivo.

¿El amor seguirá presente en esas dos novelas que está escribiendo actualmente?

Sin duda. Porque pienso que es uno de los pilares fundamentales de la vida de las personas. Todos sentimos, de una manera o de otra. Eso es algo por lo que yo lucho. Porque la gente haga su vida haciendo las cosas porque las sienten y porque son felices. Hasta el día en que yo falte, no me cansaré por luchar para que todo el mundo sea feliz.

Mayo de 2011 (conversación telefónica San Sebastián – Santander)

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